sábado, 1 de mayo de 2010

Entre lobos y lobitos



Lobo Abuelo cuenta cuentos

Lobo Abuelo cuenta cuentos.
Cambia el cuerpo, las patas, los aullidos...
¡Cuánto cambia y cómo cambia en cada cuento!
Todos lo ven hacerse grande y gordo como un oso que roza su cabeza con las nubes. Todos lo ven hacerse pequeño e inquieto como una pulga que vive en un bosque de árboles pequeños, de hojas y raíces pequeñas.
Lobo Abuelo cuenta cuentos y hace que todos viajen al bosque donde cualquier cosa es posible, hasta los gritos del silencio.

Oír el silencio -

- Todos los momentos del día son hermosos. El amanecer, el mediodía, la tarde... -dijo Lobo Abuelo.
- ¿Y la noche? -preguntó Loba Pequeña.
- La noche también. Y no sólo por la luna y las estrellas. Hay un momento en que el río se queda mudo. Parece que el agua está quieta, como si no quisiera ir a ninguna parte. Ese silencio es tan hermoso como las voces del bosque.
- Tiene que ser hermoso oír el silencio – dijo Lobo Pequeño.

Muchachita del Bosque

- Escucha –dijo Lobo Grande a Lobo Pequeño-. Y pon mucha atención. Si por ese sendero pasa una niña con una cesta y una caperuza de este color –le mostró unas guindas-, ni le hables: ¡Es un ser muy peligroso! Esa muchachita tuvo mucho que ver con el triste final de tu tatarabuelo.

Cae la noche

Lobo Abuelo y Lobo Pequeño paseaban por el bosque cuando cayó la noche.
- ¡Qué poca luz! ¡Nos vamos a perder! –dijo Lobo Pequeño.
- No tengas miedo -lo tranquilizó Lobo Abuelo-. Nos guiaremos por las estrellas.
Mientras caminaban hacia la guarida, Lobo Abuelo le fue mostrando el cielo: contemplaron el planeta Marte y el luminoso Venus, cómo titilan las estrellas y los planetas no, y le enseñó a reconocer algunas constelaciones... Lobo Pequeño estaba asombrado.
Cuando llegaron, Lobo Abuelo le dijo:
- Una noche te mostraré la Loba Mayor y la Loba Menor; son constelaciones que sólo los viejos lobos conocemos.

Luz de luna

- ¡Aullad, aullad siempre! –decía Loba Abuela a sus lobeznos–. No es que la luna sea terca, es que es viejecita; por eso anda tan despacio y tarda en darse la vuelta para enseñar su cara oscura, y en dejarnos dormir. Pero lo consigue. Claro que con los años que tiene, está desmemoriada, y cada poco tiempo vuelve a mostrarse con toda su luz.

Boca de Lobo

Lobo Grande se había dormido.
En pleno sueño, abrió mucho la boca. Y quedó así un rato.
Lobo Chiquitito se le acercó, como echando cuentas.
- ¿Qué haces ahí? – le preguntó Loba Pequeña.
- Miraba. Para estar seguro de que la noche no es tan oscura como la boca de un lobo.

Temor de lobito

El sol brillaba en un cielo. Loba Abuela entró en la guarida y preguntó:
- Lobo Chiquitito, ¿has visto qué tarde? Estupenda para jugar en el bosque.
- Ya lo sé.
- Entonces, ¿qué haces ahí medio escondido?
- Medio escondido, no. Escondido. ¿Piensas que voy a salir a jugar en una tarde así? ¡Ni loco! ¡Seguro que el bosque está lleno de niños!

Por un amigo

- ¿Qué haces con esa pinta? – preguntó Lobo Abuelo a Lobo Pequeño.
Estaba blanco de punta a rabo, y con el pelo rizado.
Y colgado al cuello, con un lazo verde, llevaba un cencerro.
- Esta tarde quiero jugar en la pradera con mi mejor amigo. Pero su padre ni deja que me acerque al rebaño. Dice que los lobos no pueden jugar con los corderos.

Disfraces

Había llegado el Carnaval.
Todos andaban preparando sus disfraces.
Loba Pequeña se había embadurnado el cuerpo con pintura blanca.
- ¿Qué te parece? –le preguntó a Loba Abuela.
- No me vengas tú también con el cuento de que tienes una amiga cordera, ¿o acaso te has enamorado de alguno de ellos?
- ¡Ay, Loba Abuela, qué cosas tienes! Sólo quería disfrazarme de fantasma.

Jugando con lobo

Aquella tarde, Lobo Pequeño había a visitar a su mejor amigo a la pradera.
De pronto, los corderos lo rodearon y se pusieron a gritar:
-¡Quiero tirarle de las orejas!
-¡Yo voy a rizarle el pelo y ponerle un lazo!
-¡Pues yo me voy a montar en su lomo!
Entonces, Cordero Amigo le dijo a Lobo Pequeño:
- Cuando mis hermanos se cansen, dejarán de molestarte; pero ¿quién se resiste a la maravilla de poder jugar con un lobito bueno?

Lobo vegetariano

- Ya sabía que esto tenía que terminar mal -dijo Loba Grande a Lobo Pequeño-. Nunca me ha molestado tu amistad con un cordero, aunque, cuando dejaste de comer carne y empezaron a gustarte las frutas y las verduras, comencé a preocuparme. Pero esto ya es demasiado. ¿Qué van a decir tu padre y el resto de la manada? ¿Cómo explicarles que tu hermoso pelaje, orgullo de nuestra especie, se te está poniendo rojo por comer tantas zanahorias?

Guardar secretos

- Lobo Abuelo, tengo que contarte un secreto -le dijo al oído Lobo Chiquitito-. El corazón de Lobo Pequeño parece una cajita de música. Silba como una codorniz, ulula como un búho, canta como un gallo... Ni siquiera necesita cuerda. ¿Y sabes por qué? Porque está enamorado. Me lo dijo él. Me pidió que no se lo contase a nadie, pero me dolía la punta de la lengua y me temblaban las patas. Podrás guardar su secreto, ¿verdad?

Diablo de lobo

Lobo Abuelo vio llegar del bosque a Lobo Pequeño.
- ¿Qué haces con esos cuernos de toro, ese rabo de buey y esos colmillos de culebra?
- Me encontré con Lobo Diablo. Tenía mala cara. Me contó que en este bosque ya no asusta a ningún lobo. Está tan triste y aburrido que va a probar suerte con los hombres. Claro que con esos cuernos de chivo que tiene, esa pinta descolorida y la cola de carnero rabón que tiene, no va a espantar a nadie. Si le aumentamos los cuernos y el rabo, con unos colmillos largos, y pintado de rojo, quizás logre divertirse...
- Además estará un tiempo lejos de nosotros... –sonrió Lobo Abuelo.

Adagio

- Tenéis que saberlo de una vez, mis queridos lobeznos –explicaba Loba Abuela-. Nosotros somos así: siempre andamos en manada. Y nos sentimos mal cuando no lo hacemos. En nosotros, se cumple ese viejo adagio... Más vale acompañados, que bien solos.

MIRADA DE LOBO

Cuando el primer Lobo Astronauta pisó la luna, miró hacia la tierra y dijo:
- ¡Nuestro bosque es azul!


Quince cuentos tomados del libro Un lugar en el bosque

Cuentos breves en torno a una manada de lobos plenos de ternura, solidaridad y humor ante la vida en el bosque.

Textos de Armando Quintero con ilustraciones de Manuel Pizcueta y traducción al gallego de Marisa Núñez. Pontevedra: Kalandraka, 2003, Un lugar no bosque, 1ª. edición en gallego. 1ª edición en castellano, Sevilla: Kalandraka, 2004.

La obra recibió los reconocimientos: “Lo mejor del año” en el Banco del Libro de Venezuela y el “Primer Premio Nacional de Literatura Infantil por obra édita” otorgado por el Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay en el año 2006.
Y, este 30 de abril del 2010, acaba de ser reconocida entre "Los 30 de los 30" del Banco del Libro, Caracas, Venezuela.

4 comentarios:

  1. ¡Felicidades por este nuevo reconocimiento para los lobos y lobitos!
    Excelente idea este nuevo blog.
    Un abrazo

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  2. Preciosa página! Ya me he anotado como seguidor. Y desde ya te digo que te voy a robar algún cuento de vez en cuando para publicarlo en mi blog.... Eso si, poniendo bien claro de donde lo saqué! me das tu permiso?
    Un abrazo.

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  3. Querida Lin: gracias. Si le gusta alguno para narrar, a la voluntad suya. Todo un honor.

    Querido Jaume: Claro que te autorizo. Un gesto amable y un honor. ¡Son para difundir!

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  4. Armando me gusta muchisimo Su blog.Me gusto como cuenta "que el Lobo canbia en cada cuento y que hace que todos viajen al bosque donde cualquier cosa es posible"
    Yo tambien soy una narradora oral, en Israel,tengo una funcion que se llama "Una ves en un bosque"En que yo me siento como un mago que lleva a los que escuchan por caminos de el bosque "donde cualquier cosa es posible".
    Su blog es un diamante entre muchos blogs y yo como mago seria muy contenta en encontrar en el bosque al Lobo Abuelo...

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